Compartiendo Vivencias
¿Qué está haciendo Internet con
nuestras mentes? Superficiales
Capítulo 5 y 6
Hace unas cuantas semanas me robaron el celular en una
discoteca. Al principio quise creer que no me importaba, pues era un simple
aparato electrónico. Saliendo de bailar me empezó a hacer falta debido no pude
llamar a mi taxista para que me recogiera. Quería contarle a mi mamá que iba a
llegar más tarde mientras buscaba un taxi de confianza pero tampoco pude
hacerlo. En ese momento mi amiga con la que había salido esa noche se perdió de
mi vista y sin mi celular no tenía como llamarla, ni buscar mediante GPS su
localización ni mucho menos preguntarle a otros amigos a través de BBM Messenger
si la habían visto. Sentí pánico y el robo del celular empezó a preocuparme a
tal punto que pensé en toda la información que había perdido esa noche: números
de contacto, e-mails, fotos, documentos, blogs de notas con mis contraseñas,
historiales de las páginas web visitadas al igual que los lugares frecuentados,
libros en PDF, entre otros. La dependencia que había desarrollado hacia este
dispositivo era tan fuerte que me sentía inválida sin éste, sentía la ausencia
de una parte de mi.
Los días fueron pasando y a medida me iba gustando cada vez
más volver a mi soledad, no poder ser ubicada ni controlada por los demás, ser
una incógnita dentro del mapa; me sentía
independiente, libre, auténtica, misteriosa y única, sin ataduras. La sensación
fue indescriptible pero lo triste fue que duró corto tiempo pues a los pocos
días las dinámicas académicas, las exigencias laborales, la necesidad de
contactarme para fichar citas, coordinar las acciones del diario vivir y estar
al día en las actividades acabaron con mi alegría y me obligaron a volver a la
realidad: debía volver a estar conectada y para esto necesitaba comprar un
nuevo celular.
Compré un nuevo aparato que me sugirieron, pues “si le va a
meter plata a un celular, métasela a uno bueno”, me dijeron: última tecnología,
Internet ilimitado, navegación instantánea, aplicaciones infinitas, cámara de
ocho megapíxeles, definición HD, pantalla táctil y de gran tamaño y reproductor
de multimedia entre otra de las miles funciones. Me propuse a darle un buen uso
y a no permitir que sus herramientas multitareas me distrajeran e
interrumpieran espacios íntimos y solitarios. Uno de mis espacios personales es
el de la lectura: actualmente leo textos de muchos autores y un libro llamado ¿Qué está haciendo Internet con nuestras
mentes? Superficiales, de Nicholas Carr. Fue impresionante e inevitable
leer el quinto y el sexto capítulo y no relacionarlos con mi experiencia
personal.
A través de estas páginas Carr narra la evolución de los
avances tecnológicos y su proceso en relación con los libros, el lenguaje, la
escritura, las nuevas dinámicas de la “modernidad” y su efecto en los cambios
de las estructuras mentales humanas. Fue así como mediante mi experiencia me
sentí identificada con lo que se plasmaba en estos capítulos. Habiendo
inventado la calculadora, el primer mecanismo que daría lugar a lo que hoy en
día conocemos como los computadores, Alan Turing no sabía que su invento se
convertiría en una máquina universal. Fue así como comenzó el desarrollo tecnológico
y como se empezaron a crear ordenadores primero a blanco y negro, luego a
color, después con imágenes, progresivamente con un software que permitía la
conexión a la Red (Internet) y hoy en día con Skype, aplicación que integra
imagen, sonido, video, chat y conexión online en tiempo real.
Lo innovador de la red como medio de comunicación es que es el
primero que realmente permite establecer una relación bidireccional en donde
hay intercambio entre emisores y receptores y en donde los usos de esta
herramienta se multiplican permitiendo hacer pagos, transacciones,
conferencias, compras y consultas y sobrepasando los límites espaciotemporales.
En adición, mediante Internet se reciben notificaciones constantes de las
actividades de nuestros amigos, parientes, cercanos, de los e-mail que nos
envían, de las actualizaciones disponibles de las aplicaciones y hasta del
clima. Es así como nuestro cerebro se concentra en atender a todas estas
noticias y detalles y deja de concentrarse en una sola cosa sumergiéndose en la
pantalla de los dispositivos.
Esta cantidad de interacción de los dispositivos electrónicos
altera nuestra capacidad de concentración y los hábitos cotidianos como el de
la lectura. Los hipertextos incluyen vínculos que nos conducen de una ventana a
otra en donde la lectura no tiene fin ni orden lineal (lógico) y por lo tanto
se convierte superficial: entre más información menos profundidad. Debido a
esto, el cerebro no logra concentrarse en un único texto sino que consulta
múltiples páginas que en adición incluyen publicidad, ventanas emergentes e
imágenes distractoras. Nuevos dispositivo como el Kindle han sido diseñados
para sustituir la pagina impresa por la pantalla digital de pixeles. Con esta
tecnología “La linealidad del libro impreso se quiebra en pedazos; y con ella,
la calmada atención que induce en el lector (…) estos cambios en la lectura también
generan cambios en el estilo de escritura” (Carr, 2011). Otra de las
consecuencias se ve reflejada en la estructura de las bibliotecas, las cuales
ahora poseen ordenadores y bailan al son de los sonidos de los teclados. Mientras
leemos compartimos lo que estamos pensando y leyendo y así atentamos contra la
esfera privada, pues nuestro espacio de soledad está siendo invadido por los
medios.
Actualmente mientras leemos estamos pendientes de las
notificaciones de nuestros celulares, hasta el punto que no podemos dejar de
mirar si alguien nos ha escrito. Han surgido nuevas enfermedades relacionadas
con el uso de celulares, una de ellas se conoce como “nomofobia”: miedo
exagerado a no estar con el celular en manos. “Los adictos al móvil no pueden
pasar muchos minutos sin consultar los correos electrónicos, los mensajes de
texto, los chats en vivo con el resto de sus contactos, consulta de noticias y
de programas de Internet a la hora de dormir o a la madrugada”. (Pelaez, A. (2012, febrero) “MILENIOMDQ”, en Blogspot [en línea],
disponible en: http://mileniomdq.blogspot.com/2012/02/nomofobia-la-enfermedad-de-los.html,
recuperado: 21 de marzo de 2013). Otro de los síndromes se conoce
como “vibración fantasma” en donde creemos que el celular timbró o vibró pero
nunca lo hizo: "ansiedad
constante en relación con un teléfono celular y una convicción obsesiva de que
el teléfono ha vibrado en respuesta a una llamada entrante que en realidad no
ha existido". (Edgar.
(febrero 12 de 2013) en Contenido Celular, [en
línea], disponible en: http://www.contenidocelular.com/2013/02/vibracion-fantasma-del-celular-es-el-nuevo-sindrome-en-la-actualidad.html
recuperado: 21 de marzo de 2013).
El impacto de Internet ha sido tan fuerte que los periódicos
ahora han adaptado su formato al mismo que al de la Red, con publicidad e
imágenes masivas y con resúmenes de los artículos. No siendo poco, los
dispositivos tecnológicos como los televisores también ofrecen ahora la
posibilidad de navegar y en sus programas televisivos abunda publicidad
emergente. Lo que más me preocupa es que nuestras estructuras mentales se esté
modificando a la par que nuestras conductas y formas de interrelacionarnos. Todo
lo que leí en estos capítulos se me hubiera hecho un poco exagerado si no me
hubieran robado mi celular. Después de haber sentido y vivido las enfermedades
mencionadas, me di cuenta de la gran influencia de Internet y de la tecnología.
En conclusión decidí establecer unos parámetros para permanecer
mi vida privada fuera del alcance de los otros, para seguir leyendo constantemente
libros y para no depender y definirme mediante mi celular. En esta ocasión
quiero compartir mi experiencia con todos ustedes, lectores de mi Blogg, con el
fin de que pongan más atención a sus hábitos y a la forma de interactuar con la
tecnología y con el fin de que les sirva para sus vidas todo lo que les acabo
de contar.
Bibliografía
Carr, N. (2011). ¿Qué está haciendo
Internet con nuestras mentes? Superficiales. (P. Cifuentes, Trad.) Bogotá,
Distrito Especial, Colombia: Taurus. Pp.131
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