martes, 19 de febrero de 2013

Más allá de Internet como herramienta

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Más allá de Internet como herramienta


¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales
Capítulo 1: Hal y yo

Nicholas Carr, escritor Americano, se caracteriza por su análisis sobre la sociedad moderna y su funcionamiento; en sus libros cuestiona el impacto de herramientas como Internet y plantea puntos de quiebre de la misma en donde la cultura, la estructura mental y el pensamiento del ser humano se ven vulnerados.

¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales, es una de las publicaciones en donde se ve reflejado el debate sobre el mundo cibernético que predomina hoy en día. El primer capítulo, llamado Hal y yo, es tan sólo un abrebocas que genera en el lector inquietudes, interrogantes y nuevos puntos de vista.

A través del capítulo se plantea Internet como un medio que ha alterado el modo tradicional-lineal de pensar, los hábitos mentales y la forma de absorber información. La red funciona a un ritmo de millones de revoluciones por minuto, en donde hipervinculos, clics automáticos, información instantánea y cantidades desmesuradas de distintos tipos de información son consultadas en tan sólo segundos. De este modo, el cerebro adquiere un ritmo distinto, electrónico, en el cual se lee de arriba para abajo, por fragmentos, por frases, a través de una navegación de diversos links. Es así como la lectura de un libro se vuelve incomprensible, pues el del cerebro no logra adaptarse y concentrarse en un solo texto y por ende la capacidad de análisis y contemplación dejan de estar presentes.

Muchos literatos aseguran la eficiencia de este nuevo modo de pensamiento, pues no sólo ahorran tiempo en investigaciones y transacciones sino que consultan innumerables fuentes que creen hacerlos más inteligentes. Sin embargo, Nicholas Carr hace una reflexión sobre este punto, pues no solo ha sido el proceso tradicional de pensamiento el que ha logrado la trascendencia mental del ser humano, sino que es este mismo el que le permite al hombre analizar, meditar sobre un único aspecto y concentrarse sin depender de ninguna conexión electrónica: “Calmada, concentrada, sin distracciones, la mente lineal está siendo desplazada por una nueva clase de mente que quiere y necesita recibir y diseminar información en estallidos cortos, descoordinados, frecuentemente solapados.”(Carr, 2011)

Al final del capítulo, Carr narra el proceso de la aparición de los computadores y de Internet; cuenta su historia con el descubrimiento de estas nuevas tecnologías y plasma la velocidad de las actualizaciones, modificaciones y nuevos sistemas desde el primer sistema operativo (hacia 1997) hasta las páginas virtuales de hoy en día, como Facebook o Twitter, que mueven masas. Él fue un apasionado de la red, de las publicaciones instantáneas en los blogs, de las revistas online que reemplazaron las ediciones impresas y de la edición en pantalla. Con el tiempo se dio cuenta de la influencia que tuvo este medio sobre sus hábitos, rutinas y formas de pensar; ya no era el mismo, su concentración había desmejorado significativamente y su viejo cerebro le hacía falta. “La Red nos está reconfigurando a su propia imagen, volviéndonos más hábiles para manejar y ojear superficialmente la información pero menos capaces de concentración, contemplación y reflexión.” (“Taurus” (2011) [en línea], disponible en: http://www.editorialtaurus.com/es/libro/superficiales/ recuperado: 19 de febrero de 2013)

Fue así como Nicholas Carr empezó a analizar las consecuencias e impacto de la nueva "octava maravilla del mundo" de la cual hoy la mayoría de la sociedad hace uso indiscriminado.  

En mi experiencia, Internet ha modificado mi estilo de vida de forma radical. Nací en 1993, razón por la cual viví la transición del computador que únicamente ofrecía un sistema para redactar documentos, al computador de hoy en día, que cuenta con entradas USB, internet, música, programas de diseño, de edición, entre otros. Pase de no entender lo que significaba un buscador como Google y una cuenta de correo electrónico, a manejar a programas como Flash Adobe. Fue así como alcancé a vivir dos ritmos distintos: al principio usaba libros como fuente principal de mis trabajos y llevaba comunicados escritos a mano de mi casa a la secretaria del colegio; hoy en día, realizo todas las transacciones desde mi cama y encuentro cualquier tipo de información en Internet. Podría decir que desde hace tres años, no hay un solo día en el que no tenga contacto con algún aparato electrónico.

Así como estos aparatos han facilitado mi vida, en el sentido práctico, también la han complicado, pues han hecho de mis relaciones vínculos impersonales, instantáneos, superficiales y menos significativos. Tengo amigas que pasan más tiempo mirando el celular que escuchándome, averiguando “datos curiosos” en Facebook que yendo a cine y chateando que hablando con sus familias. En cuanto a mi refiere, no me encuentro en la misma capacidad de hace tres años para concentrarme cuando leo, para analizar, sin ningún afán, los contenidos de un párrafo, de una canción, de una imagen.

En conclusión, considero que resulta necesario cuestionar los nuevos medios y su impacto sobre nuestro modo de pensar y de actuar porque inconscientemente han alterado hábitos importantes que irrumpen nuestros espacios personales y nuestra privacidad. No debemos permitir que nuestras vidas se conviertan en una historia pública, ni que los factores y lazos externos ahoguen nuestros momentos íntimos, los que le otorgan un sentido al diario vivir. Para esto, considero importante rescatar espacios familiares, el contacto físico y no virtual, las conversaciones largas y profundas, la interacción con el medio ambiente, los momentos de soledad con un libro y la independencia hacia cualquier tipo de conexión electrónica. Es este el modo de preservar la esencia humana y de cultivar nuestro pensamiento.


Bibliografía

Carr, N. (2011). ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales. (P. Cifuentes, Trad.) Bogotá, Distrito Especial, Colombia: Taurus. Pp.22



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