Más allá de Internet como herramienta
¿Qué está haciendo Internet con
nuestras mentes? Superficiales
Capítulo 1: Hal y yo
Nicholas
Carr, escritor Americano, se caracteriza por su análisis sobre la sociedad
moderna y su funcionamiento; en sus libros cuestiona el impacto de herramientas
como Internet y plantea puntos de quiebre de la misma en donde la cultura, la
estructura mental y el pensamiento del ser humano se ven vulnerados.
¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales, es una de las publicaciones en donde se ve reflejado el debate
sobre el mundo cibernético que predomina hoy en día. El primer capítulo,
llamado Hal y yo, es tan sólo un
abrebocas que genera en el lector inquietudes, interrogantes y nuevos puntos de
vista.
A través del
capítulo se plantea Internet como un medio que ha alterado el modo
tradicional-lineal de pensar, los hábitos mentales y la forma de absorber
información. La red funciona a un ritmo de millones de revoluciones por minuto,
en donde hipervinculos, clics automáticos, información instantánea y cantidades
desmesuradas de distintos tipos de información son consultadas en tan sólo
segundos. De este modo, el cerebro adquiere un ritmo distinto, electrónico, en
el cual se lee de arriba para abajo, por fragmentos, por frases, a través de una
navegación de diversos links. Es así
como la lectura de un libro se vuelve incomprensible, pues el del cerebro no
logra adaptarse y concentrarse en un solo texto y por ende la capacidad de
análisis y contemplación dejan de estar presentes.
Muchos literatos
aseguran la eficiencia de este nuevo modo de pensamiento, pues no sólo ahorran
tiempo en investigaciones y transacciones sino que consultan innumerables
fuentes que creen hacerlos más inteligentes. Sin embargo, Nicholas Carr hace
una reflexión sobre este punto, pues no solo ha sido el proceso tradicional de
pensamiento el que ha logrado la trascendencia mental del ser humano, sino que
es este mismo el que le permite al hombre analizar, meditar sobre un único
aspecto y concentrarse sin depender de ninguna conexión electrónica: “Calmada,
concentrada, sin distracciones, la mente lineal está siendo desplazada por una
nueva clase de mente que quiere y necesita recibir y diseminar información en
estallidos cortos, descoordinados, frecuentemente solapados.”(Carr, 2011)
Al final del
capítulo, Carr narra el proceso de la aparición de los computadores y de
Internet; cuenta su historia con el descubrimiento de estas nuevas tecnologías
y plasma la velocidad de las actualizaciones, modificaciones y nuevos sistemas
desde el primer sistema operativo (hacia 1997) hasta las páginas virtuales de
hoy en día, como Facebook o Twitter, que mueven masas. Él fue un apasionado de
la red, de las publicaciones instantáneas en los blogs, de las revistas online que
reemplazaron las ediciones impresas y de la edición en pantalla. Con el tiempo
se dio cuenta de la influencia que tuvo este medio sobre sus hábitos, rutinas y
formas de pensar; ya no era el mismo, su concentración había desmejorado
significativamente y su viejo cerebro le hacía falta. “La Red nos está
reconfigurando a su propia imagen, volviéndonos más hábiles para manejar y
ojear superficialmente la información pero menos capaces de concentración,
contemplación y reflexión.” (“Taurus” (2011) [en línea], disponible en: http://www.editorialtaurus.com/es/libro/superficiales/
recuperado: 19
de febrero de 2013)
Fue así como
Nicholas Carr empezó a analizar las consecuencias e impacto de la nueva
"octava maravilla del mundo" de la cual hoy la mayoría de la sociedad
hace uso indiscriminado.
En mi
experiencia, Internet ha modificado mi estilo de vida de forma radical. Nací en
1993, razón por la cual viví la transición del computador que únicamente
ofrecía un sistema para redactar documentos, al computador de hoy en día, que
cuenta con entradas USB, internet, música, programas de diseño, de edición,
entre otros. Pase de no entender lo que significaba un buscador como Google y
una cuenta de correo electrónico, a manejar a programas como Flash Adobe. Fue
así como alcancé a vivir dos ritmos distintos: al principio usaba libros como
fuente principal de mis trabajos y llevaba comunicados escritos a mano de mi
casa a la secretaria del colegio; hoy en día, realizo todas las transacciones
desde mi cama y encuentro cualquier tipo de información en Internet. Podría
decir que desde hace tres años, no hay un solo día en el que no tenga contacto
con algún aparato electrónico.
Así como
estos aparatos han facilitado mi vida, en el sentido práctico, también la han
complicado, pues han hecho de mis relaciones vínculos impersonales,
instantáneos, superficiales y menos significativos. Tengo amigas que pasan más
tiempo mirando el celular que escuchándome, averiguando “datos curiosos” en
Facebook que yendo a cine y chateando que hablando con sus familias. En cuanto
a mi refiere, no me encuentro en la misma capacidad de hace tres años para
concentrarme cuando leo, para analizar, sin ningún afán, los contenidos de un
párrafo, de una canción, de una imagen.
En
conclusión, considero que resulta necesario cuestionar los nuevos medios y su
impacto sobre nuestro modo de pensar y de actuar porque inconscientemente han
alterado hábitos importantes que irrumpen nuestros espacios personales y
nuestra privacidad. No debemos permitir que nuestras vidas se conviertan en una
historia pública, ni que los factores y lazos externos ahoguen nuestros
momentos íntimos, los que le otorgan un sentido al diario vivir. Para esto,
considero importante rescatar espacios familiares, el contacto físico y no
virtual, las conversaciones largas y profundas, la interacción con el medio
ambiente, los momentos de soledad con un libro y la independencia hacia
cualquier tipo de conexión electrónica. Es este el modo de preservar la esencia
humana y de cultivar nuestro pensamiento.
Bibliografía
Carr, N. (2011). ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?
Superficiales. (P. Cifuentes, Trad.) Bogotá, Distrito Especial, Colombia:
Taurus. Pp.22
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