martes, 19 de febrero de 2013

Generando nuevos circuitos

 

Generando nuevos circuitos


¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales
Capítulo 2: Los caminos vitales


El segundo capítulo recopila el proceso científico del estudio neurológico del cerebro; en los primeros tiempos, se creía que el cerebro dejaba de crecer cuando se era adulto y que su estructura dejaba de ser modificable. Se decía que después de los veinte años, cesaba el forjamiento de nuevos circuitos y ya no se producían nuevas neuronas, y que al contrario, el único cambio que había en el cerebro era su descomposición. Las esperanzas de una cura para las enfermedades mentales habían muerto.

Con el paso de los años fueron surgiendo nuevas investigaciones, las cuales sugerían que el cerebro adulto era maleable, "plástico", y que a través de las experiencias de vida, las barreras de contacto (huecos intercelulares entre neuronas) podían cambiar. Michael Merzenich, comprobó esta teoría al desarrollar un experimento con monos el cual le confirmó que las vías neuronales tejen un nuevo mapa cuando algo les sucede a  las manos de los micos y de este modo, el cerebro se reorganiza para generar una nueva disposición del uso de sus extremidades. En consecuencia, nuevas investigaciones fueron fortaleciendo la teoría de la plasticidad dando a conocer que todos nuestros circuitos neuronales están sometidos a cambios sin importar la edad.

La neuroplasticidad solucionó el dilema entre empiristas y racionalistas: mientras los empiristas defendían que todo lo que el hombre sabía provenía de sus experiencias y de la cultura, los racionalistas planteaban que se nacía con una plantilla mental (proveniente de la naturaleza) la cual determinaba la forma en que pensamos el mundo. Tras un experimento con babosas marinas, realizado por el biólogo Eric Kandel, se descubrió que las babosas actuaban en forma de reflejo cada vez que ligeramente le tocan una bronquia. Luego de que a la babosa le tocaron repetidamente la bronquia, se acostumbró al contacto y dejó de reaccionar ya que se convirtió en algo habitual. Fue así, como con este experimento, se concluyó que ambos, racionalistas y empiristas, tenían la razón, pues aunque se nace con condiciones genéticamente determinadas, la experiencia permite la reorganización de la mente y nuevos patrones de comportamiento. 

El estudio de la plasticidad, dio a conocer que cuando se pierde una fuente vital; de audición (sordera), de visión (ceguera) o alguna extremidad del cuerpo, las neuronas se redistribuyen para que otra fuente sustituya lo que se ha perdido. Así mismo, cuando se realiza una actividad repetidamente, como la de tocar un instrumento o utilizar herramientas tecnológicas, el cerebro sufre modificaciones físicas y la forma de pensar cambia. “El cerebro es un órgano extremadamente dinámico en permanente relación con el ambiente, por un lado, y con los hechos psíquicos o los actos del sujeto, por otro.” (“La Neuoplasticidad” [en línea], disponible en: http://www.neurofeedbackmarbella.com/plasticidad.html recuperado: 19 de febrero de 2013)

La plasticidad del cerebro resulta ventajosa pero es paradójica, pues puede encerrarnos en comportamientos rígidos porque las actividades rutinarias se vuelven más eficientes pero los circuitos no utilizados se van agostando. Los malos hábitos pueden influir en nuestro cerebro con la misma fuerza que los buenos hábitos. En consecuencia, la neuroplasticidad se ha relacionado con enfermedades como la depresión; los caminos vitales que construyen nuestros cerebros pueden convertirse en caminos letales. Si se deja de ejercer la capacidad mental, el área que se dedicaba a estas actividades se dedica a otras que pueden no ser tan valiosas. Como dice Nicholas Carr en este segundo capítulo, "La posibilidad de deterioro intelectual es inherente a la plasticidad de nuestro cerebro". (Carr, 2011)

Surge entonces mi reflexión personal: si nos dedicamos a realizar actividades  repetitivas como las de navegar por Internet, ¿Qué habilidades estamos perdiendo? ¿Qué sucede con nuestro cerebro al dejar de leer libros, al dejar de tener conversaciones diarias que nos exigían de un nivel de análisis superior? Puede que estemos dejando en desuso gran parte de nuestras habilidades mentales. Si es así, entonces ¿cómo recuperarlas?

En mi experiencia, me he dado cuenta de que he perdido mi habilidad de memorizar datos, pues todos los escribo o pongo recordatorios en mis dispositivos; ya hasta me cuesta trabajo aprenderme más de cuatro nombres. Esto me resulta alarmante y lo único que me calma es saber que si entreno a mi cerebro este quizás vuelva a adaptarse. Mi miedo es que soy tan dependiente a los aparatos electrónicos, que generar hábitos que me desarrollen nuevos caminos vitales es una tarea difícil y requiere de disciplina.

En conclusión, creo que es muy útil saber sobre la neuroplasticidad, pues de este modo adquirimos conciencia de lo moldeable y susceptible que es el cerebro al realizar y depronto así, cuidemos más de las actividades diarias que nos hacen ser lo que somos, lo que pensamos y lo que hacemos.  

 

 















Bibliografía

Carr, N. (2011). ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales. (P. Cifuentes, Trad.) Bogotá, Distrito Especial, Colombia: Taurus. Pp.51


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